HISTORIA DE LA HACIENDA EL CARRIZAL

Prólogo por Don Marino Poves Jiménez, de la Real Academia Conquense de Artes y Letras, estudiador y conocedor de nuestra comarca.

 

Paraje emblemático de la toponimia rural de Belinchón, El Carrizal toma su nombre de la abundancia de carrizo, planta de la que, en tiempos pretéritos, el pueblo llano hacía un aprovechamiento integral; sus hojas tiernas se utilizaban como forraje, las cañas como cubiertas para viviendas, con las panículas se confeccionaban escobas y sus raíces fijaban los suelos de los humedales, evitando la erosión.

 

La finca, situada al sur del casco urbano de Belinchón y al oeste de Tarancón, comparte tierras de ambos términos.

 

Hasta mediados del siglo XIX, formaba parte de la Dehesa de la Carnicera de Belinchón, también conocida como la Dehesilla. En el año de 1854, dicho ayuntamiento cedió su propiedad a Don José Antonio Muñoz y Sánchez, segundo Conde del Retamoso como compensación del censo que el pueblo tenía con las Memorias de Oropesa, que fundó el Virrey del Perú Don Francisco Álvarez de Toledo.

 

El Carrizal se sitúa en la cabecera de pequeños valles y numerosos manantiales. La heredad siempre ha tenido su más fácil acceso desde Tarancón, por el trazado del oficialmente conocido como ferrocarril estratégico de Tarancón a Torrejón de Ardoz, llamado Negrín.

 

La idea de la construcción de este ferrocarril partió de Largo Caballero y del ministro de Comunicaciones Giner de los Rios, para comunicar Madrid con La Mancha y Levante, tras la batalla del Jarama en 1937. Funcionó desde mediados de 1938 y fué desmantelado entre 1940 y 1941.

 

En su recorrido, cuenta con diez túneles, numerosas trincheras, puentes y alcantarillas, construidas con piedra y ladrillo y aún se conserva algún puesto de vigilancia, además de siete cuevas abiertas por los propios trabajadores para evitar posibles bombardeos.

 

Destacan en La Hacienda terrenos sedimentarios rojizos, formados por arcillas areniscas y cantos rodados; en ellos crecen pinos, encinas, quejigos, robles, coscojas, tomillos, higueras silvestres, olivos, almendros, etc... 

 

La fauna se compone de especies autóctonas como el conejo, la liebre ibérica,  zorros y perdices.

 

Entre la vegetación de la dehesa destacan los viñedos emparrados de la variedad Tempranillo que entró en Belinchón desde Francia por Aragón y la Alcarria, a través de la conocida “Ruta del Tempranillo”, cuyo antecedente genético es la uva Pinot Noir, traída por los arzobispos cistercienses. Entre ellos, cuatro fueron arzobispos de Toledo, el último de ellos Don Cerebruno de Poitiers, concedió a Belinchón el primero de sus fueros en el año de 1171, documento que da testimonio del vino en La Mancha Alta.

 

Los vinos de este paraje gozan de reconocida fama y siempre han tenido buen reclamo entre los bodegueros de la comarca.